Si bien Brasil y México han liderado la adopción de la facturación electrónica, desde su inicio hace poco más de 20 años, el resto de la región en Latinoamérica (LATAM) avanza a pasos cortos, a un ritmo que podemos calificar con seguridad como lento. Los recientes acontecimientos relacionados con la pandemia han empujado a muchas empresas al borde del abismo, al no poder mantener un volumen mínimo de negocio, especialmente relacionado con la caída de las interacciones con los consumidores, junto con fuertes regulaciones en materia de recursos humanos que los obligaron a mantener las nóminas, dejando a las empresas sin más alternativa que declararse en quiebra. Argentina, el precursor de la facturación electrónica, ha sido una de las economías más golpeadas por la crisis sanitaria mundial, alcanzando un 11,8% de tasa de desempleo para el ejercicio fiscal 2020, según informaron los medios citando a la Organización Internacional del Trabajo (OIT). A pesar de los datos disponibles que describen un panorama difícil para las economías de LATAM, la región se proyecta como una de las más avanzadas en términos de facturación electrónica, por delante de economías en Europa o incluso Norteamérica, lo que describe una actitud más abierta hacia las tecnologías de la información en el ámbito financiero (FINTECH). De hecho, las FINTECH han surgido en el mercado atendiendo a diversas necesidades emergentes, creando aplicaciones de entrega de alimentos, portales de comercio al consumidor (B2C) y, en muchos casos, mejorando la experiencia del cliente como parte de su propuesta de valor empresarial.
¿Qué es la Facturación Electrónica?
La facturación electrónica es el conjunto de recursos regulatorios y tecnológicos que las empresas y negocios utilizan para optimizar el intercambio de bienes y servicios, a través de transacciones de datos entre empresas (B2B) o entre la empresa y el consumidor (B2C), con el fin de cumplir con el marco legal establecido por los organismos reguladores que cada economía tiene en materia fiscal. De alguna manera, la facturación electrónica ofrece beneficios en términos de costos, reduciendo notablemente el consumo de recursos que favorece al medio ambiente, así como a las finanzas de la empresa. Otro beneficio inmediato consiste en la reducción del tiempo de procesamiento de cada transacción, lo que en términos de dinero representa menores costos, todo ello al tiempo que se reducen los errores introducidos por las personas en tareas como transcripciones, recepción y archivo de documentos, hasta el procesamiento de pagos a proveedores. Contrariamente a lo que podría inferirse como una oportunidad para reemplazar al personal contable con recursos tecnológicos, la facturación electrónica permite reasignar a las personas a tareas de análisis financiero y perfiles de mayor productividad, al incorporar herramientas adicionales de inteligencia de negocios (BI) y similares. Finalmente, es importante mencionar que la facturación electrónica aumenta los niveles de seguridad y la confianza emergente en el uso de estas soluciones, creando un ecosistema de empresas que al adoptar este tipo de tecnología se posicionan como capaces de reducir costos en beneficio de sus clientes, aumentando en el proceso los niveles de satisfacción del cliente.


